San Marcos Sierras volvió a llenarse de risas. Este sábado 29 de agosto, la Fundación Misionera María de la Esperanza reunió a alrededor de 700 chicos de Cruz del Eje y de parajes rurales del departamento para celebrar el Día del Niño, en una jornada sostenida —como cada año— por voluntarias, empresas y vecinos que trabajan en silencio durante los doce meses del año. Entre ellos, un nombre volvió a repetirse con gratitud: el de la familia Sarmiento, motor histórico del traslado solidario de los chicos hacia la fiesta.


Una fiesta pensada para que ningún chico se vaya con las manos vacías
Entre juegos, castillos inflables, música, comida y un show de cierre, la jornada tuvo su momento más esperado en la entrega de regalos. Según explicó Gisela, coordinadora de la Fundación, esa tradición tiene una regla que se sostiene desde hace aproximadamente diez años: que ningún chico vuelva a su casa sin un presente.
Lo que se vivió el sábado en la Aldea La Esperanza no fue un hecho aislado. Es la cara visible de un trabajo que la Fundación despliega los 365 días del año a través de siete centros comunitarios: cinco en distintos barrios de Cruz del Eje y dos en zonas rurales, entre ellas San Nicolás y El Simbolar. Allí, de lunes a viernes, mujeres voluntarias preparan la merienda-cena que reciben decenas de chicos.
Gisela también fue clara sobre el contexto: conseguir los alimentos exige un esfuerzo cada vez mayor y la situación económica achicó la base de colaboradores habituales. Aun así, para esta edición del Día del Niño volvieron a aparecer manos solidarias: donaciones de sándwiches, gaseosas, golosinas, juguetes y dinero destinado a los regalos.
«Sin esas almas caritativas no podríamos haber hecho esto», resumió Gisela en diálogo con Línea 1.
El desafío de todos los años: llegar hasta San Marcos Sierras
Para una fiesta de esta escala, el primer obstáculo es logístico: cómo trasladar a cientos de chicos desde localidades y parajes dispersos en todo el departamento. Este año, los colectivos llegaron con chicos de Santo Domingo, Alto De Los Quebrachos, San Nicolás, El Brete, Media Naranja, Barrial, El Simbolar y otros puntos rurales, además de los que asisten a los centros comunitarios de Cruz del Eje. La ida y la vuelta quedaron otra vez a cargo de la empresa Sarmiento.
Sarmiento: una alianza solidaria que empezó mucho antes que esta fiesta
El vínculo entre la Fundación y la empresa de transporte no nació con el Día del Niño. Tanto la Hermana Teresa como Gisela lo remarcaron especialmente durante la jornada: la relación se remonta a los primeros años de la misión en San Marcos Sierras, cuando la religiosa necesitaba trasladarse por la zona para conseguir ayuda y recursos y todavía casi nadie conocía su obra. Fue entonces cuando conoció a Luis Sarmiento, quien —según su propio relato— le abrió las puertas y dio inicio a una colaboración que se sostuvo en el tiempo: durante años, los chicos de la Fundación viajaron sin pagar pasaje para participar de las actividades.
Ese gesto excedió lo logístico. Se convirtió en parte de la historia de la obra. Hoy, ese compromiso lo continúa Luis Sarmiento hijo, al frente de una empresa que —de acuerdo con los testimonios recogidos durante la jornada— mantiene ese mismo espíritu de acompañamiento: colaborar con comedores, merenderos y organizaciones sociales del departamento de Cruz del Eje sin necesidad de un evento puntual que lo motive, de manera sostenida y sin buscar reconocimiento público.


Empresa Sarmiento —hoy parte del Grupo Sarmiento— es una de las firmas de transporte interurbano más importantes de la región, con recorridos que conectan Cruz del Eje con distintos puntos de Traslasierra y del norte cordobés. Que una empresa de ese tamaño sostenga durante casi tres décadas un compromiso solidario puertas adentro, sin cámaras, es parte de lo que la comunidad de San Marcos Sierras quiso poner en valor este 29 de agosto.
«Gracias a ustedes, chicos, por existir»
El momento más emotivo de la tarde llegó cuando la Hermana Teresa tomó la palabra frente a los chicos. Con su estilo directo y cercano, agradeció primero a los niños y a las madres que los acompañan durante todo el año: «Gracias a ustedes, chicos, por existir», expresó.
También tuvo palabras para las madres de los comedores, para quienes viajaron desde lejos —mencionó especialmente a un grupo llegado desde Monte Cristo— y para los vecinos de San Marcos Sierras que se sumaron a organizar la jornada.
Una historia que arrancó con casi nada, en 1997
Para entender la dimensión de lo que ocurrió este sábado hay que remontarse casi tres décadas atrás. La Hermana Theresa Varela, nacida en Cabo Verde (África), llegó a la Argentina en 1971 enviada por la congregación de San Pedro Claver. Después de distintas experiencias misioneras —incluida una etapa en San Pablo, Brasil, que ella misma señala como el origen de su vocación con la infancia más vulnerable— y de un paso por Oncativo, Córdoba, fue el entonces obispo de Cruz del Eje, monseñor Omar Colomé, quien en enero de 1997 la designó para instalarse en San Marcos Sierras.
Ese mismo año, junto a un grupo de laicos, fundó la Fundación Misionera María de la Esperanza. Entre 1998 y 2000 abrió los primeros centros comunitarios en barrios periféricos de Cruz del Eje y en parajes rurales, varios de ellos construidos con el apoyo de la Fundación Arcor. Con el correr de los años, la obra sumó la construcción de la Aldea La Esperanza, sobre un predio de varias hectáreas en Cacique Tulián, a pocos kilómetros de San Marcos Sierras, donde hoy funcionan una escuela para adultos, un programa de terminalidad secundaria, talleres de oficios, un camión sanitario que recorre la zona y una residencia para estudiantes y médicos voluntarios.
En diciembre de 2022 la Fundación celebró sus 25 años de vida, con la renovación de los votos perpetuos de la Hermana Teresa en una misa presidida por el obispo diocesano. Hoy, a casi 30 años de aquel primer trabajo misionero —cuando llegaba «a pie o haciendo dedo» para llevar un vaso de leche a un grupo de chicos que vivía en vagones de tren—, la obra asiste a cientos de familias del norte cordobés.
Más que un plato de comida
Desde su origen, la propuesta de la Fundación no se limitó a la asistencia alimentaria. Con los años sumó educación, talleres artísticos y deportivos, atención sanitaria y espacios de acompañamiento para las familias, con la idea original de la Hermana Teresa de que los chicos no solo recibieran un plato de comida, sino también herramientas para crecer.



La solidaridad que sigue cuando la fiesta termina
El Día del Niño terminó, los colectivos volvieron a sus recorridos y el predio de San Marcos Sierras volvió a quedar en silencio. Pero el trabajo de la Fundación no se detiene: los comedores reabren al día siguiente, las voluntarias vuelven a cocinar y los chicos vuelven a recibir su merienda-cena, sostenidos por una red de colaboradores que como la familia Sarmiento eligen acompañar durante todo el año y no solo el día del festejo.
Este 29 de agosto de 2026, en San Marcos Sierras, cientos de chicos tuvieron una tarde de alegría. Detrás de ellos, una vez más, una comunidad entera con la Fundación Misionera María de la Esperanza y la empresa Sarmiento como protagonistas silenciosos demostró que la solidaridad, cuando se sostiene en el tiempo, también construye esperanza.
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