La comunidad de Santo Domingo, en el departamento Cruz del Eje, celebró este 4 de agosto sus fiestas patronales en honor a Santo Domingo. La jornada estuvo encabezada por el obispo de la Diócesis de Cruz del Eje, Monseñor Ricardo Araya, quien llamó a fortalecer las raíces de la fe, valorar la identidad de los pueblos y alentar a los jóvenes a construir su futuro en la tierra donde nacieron. Además, se recordó el histórico paso del Beato Enrique Angelelli por la localidad.
SANTO DOMINGO, CRUZ DEL EJE. Cada 4 de agosto, la comunidad de Santo Domingo, ubicada sobre la Ruta Provincial 175, pasando la localidad de Guanaco Muerto, en el departamento Cruz del Eje, vive una de las jornadas más importantes de su calendario religioso.

Las fiestas patronales en honor a Santo Domingo volvieron a reunir este martes a familias, vecinos y peregrinos de la zona en una celebración marcada por la fe, la historia, las tradiciones y el profundo sentido de pertenencia de una comunidad rural que mantiene vivas sus raíces.
La Santa Misa fue presidida por Ricardo Araya, quien destacó que esta fiesta representa mucho más que una tradición religiosa.
«Hoy hemos celebrado una hermosa fiesta patronal en Santo Domingo. Cada 4 de agosto revive no sólo una tradición, sino también el presente que se construye día a día y la posibilidad de esperar el futuro con ánimo», expresó el obispo.
https://youtu.be/14p9s-CImbE
Una celebración que fortalece la identidad del norte cordobés
Durante su homilía, Monseñor Araya reflexionó sobre el Evangelio según San Lucas, donde Jesús invita a sus discípulos a «poner la mano en el arado y no mirar atrás», una enseñanza que vinculó con la realidad de las comunidades rurales del departamento Cruz del Eje.
Para explicar este mensaje utilizó una imagen profundamente ligada al paisaje del oeste cordobés.
Comparó la vida de las personas con los algarrobos que rodean el histórico templo de Santo Domingo.
«Los algarrobos florecen y dan fruto porque tienen raíces profundas. Son capaces de soportar la sequía y seguir dando fruto gracias a esas raíces. Lo mismo sucede con nuestros pueblos: cuando conservan sus raíces pueden seguir creciendo y dando frutos», afirmó.

Un mensaje especial para los jóvenes
Uno de los momentos más destacados de la celebración estuvo dirigido a las nuevas generaciones.
El obispo sostuvo que conocer la historia, valorar la cultura y mantener viva la fe son elementos fundamentales para que los jóvenes encuentren motivos para permanecer en sus comunidades y trabajar por su desarrollo.
«Nuestros jóvenes necesitan conocer y amar sus propias raíces. Eso ayudará a que no se vayan, sino que sigan cuidando la tierra que los vio nacer, los vínculos que allí se formaron y las oportunidades de trabajo que puedan construirse», expresó.
También destacó el compromiso demostrado por la juventud de Santo Domingo, que tuvo un papel protagónico en la organización de la novena, los preparativos de la fiesta patronal y la restauración del templo.
«Quiero agradecer a los jóvenes por la pintura del templo y por toda la organización de esta fiesta. Es un ejemplo que merece ser reconocido y alentado», señaló.

¿Quién fue Santo Domingo?
Las fiestas patronales recuerdan la figura de Santo Domingo de Guzmán, nacido en Caleruega, España, hacia el año 1170.
Es reconocido como el fundador de la Orden de Predicadores, conocida como los dominicos, cuya misión principal fue anunciar el Evangelio mediante la predicación, el estudio y el servicio a las comunidades.
La tradición católica también lo relaciona con la difusión del Santo Rosario, una de las prácticas de oración más extendidas dentro de la Iglesia.
Durante siglos, Santo Domingo ha sido considerado ejemplo de humildad, perseverancia y compromiso misionero, valores que siguen inspirando a numerosas comunidades que lo tienen como patrono.
Emotivo recuerdo del Beato Enrique Angelelli
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el homenaje al Enrique Angelelli.
Monseñor Araya recordó que el 4 de agosto de 1957, cuando era un joven sacerdote, Angelelli pasó por Santo Domingo para celebrar la Santa Misa.
En memoria de aquella visita se descubrió una placa conmemorativa que recuerda su paso por la localidad y el profundo vínculo que mantuvo con las comunidades rurales del oeste cordobés.
El homenaje cobra un significado especial al cumplirse 50 años de su martirio, ocurrido el 4 de agosto de 1976, cuando el entonces obispo de La Rioja fue asesinado durante la última dictadura militar y posteriormente reconocido por la Iglesia Católica como beato.
Durante la celebración se evocó una de las frases que marcaron su ministerio pastoral.
«Me quedo con mi gente.»
Para Monseñor Araya, esa decisión resume el verdadero sentido del Evangelio y refleja lo que significa «poner la mano en el arado y no mirar atrás».
Una tradición que une generaciones
Las fiestas patronales de Santo Domingo representan uno de los acontecimientos religiosos más importantes para esta comunidad del departamento Cruz del Eje.
Cada año reúnen a vecinos que regresan especialmente para participar de la celebración, compartir con sus familias y renovar una tradición transmitida de generación en generación.
En un contexto donde muchas localidades rurales enfrentan el desafío de la migración de los jóvenes hacia las grandes ciudades, el mensaje del obispo puso el acento en la necesidad de fortalecer la identidad, la memoria y la fe como herramientas para construir el futuro.
La celebración concluyó con una bendición para toda la comunidad y una invitación a seguir caminando con esperanza.
«Nuestra raíz es la fe en Cristo y el arado es la misión que Dios ha confiado a cada uno de nosotros. Que Dios bendiga a todos», concluyó Monseñor Ricardo Araya.
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