Cruz del Eje vivió una jornada de emoción, inclusión y educación: más de 300 personas se reunieron por los 20 años de la ESI

El Cine Teatro Aida vibró con la jornada “Todas las voces, todos los lenguajes” por los 20 años de la ESI. La UPC y organizaciones locales celebraron con cine, emoción y un firme reconocimiento al trabajo territorial incansable.

ESI en Cruz del Eje: más de 300 personas participaron de una jornada

Línea 1 Informa | Educación, cultura y comunidad

El miércoles 7 de octubre, el Cine Teatro Aída de Cruz del Eje se llenó de público, emoción y reflexión. Más de 300 personas participaron de la jornada “Todas las voces, todos los lenguajes”, un encuentro que reunió al arte, la educación y las organizaciones sociales del noroeste cordobés para conmemorar los 20 años de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI).

Una jornada para aprender y sentir
Una jornada para aprender y sentir

La actividad tuvo como uno de sus momentos centrales la proyección de Ahora Soy Bauti y Merlín, dos producciones que invitaron a mirar distintas experiencias humanas desde el respeto, la escucha y la comprensión.

El valor de reconocer a quienes hacen
El valor de reconocer a quienes hacen

La jornada fue organizada por la Universidad Provincial de Córdoba (UPC), a través de su Sede Regional Cruz del Eje Arturo Capdevila, junto con las organizaciones Fuerzachuncana, Varones Trans y Transmasculinidades Cruz del Eje, y Diversidad Gualeguay.

Detrás de cada encuentro hay personas que trabajan para hacerlo posible

Más allá de la convocatoria y de la emoción que se vivió en el Cine Teatro Aída, este tipo de acontecimientos deja una reflexión necesaria: las actividades que generan espacios de encuentro no se construyen solas. Detrás de cada jornada hay personas que dedican tiempo, esfuerzo y compromiso para que otros puedan participar, aprender, expresarse y sentirse escuchados.

La directora de la Sede Regional Cruz del Eje de la Universidad Provincial de Córdoba, la licenciada Claudia Sobrero, pone en valor este tipo de iniciativas y acompaña el trabajo que se realiza desde los distintos espacios que hacen posible estas propuestas.

El trabajo colectivo que transforma
El trabajo colectivo que transforma

Su mirada destaca la importancia de reconocer la tarea de cada área, institución, organización y persona que aporta desde su lugar. Porque cuando la educación se encuentra con la cultura y el trabajo comunitario, los resultados van más allá de una actividad puntual: se abren oportunidades para compartir experiencias, derribar prejuicios y construir una convivencia basada en el respeto.

En muchas ocasiones, el público ve el resultado final, pero no todo lo que existe detrás: las reuniones, la organización, la coordinación entre instituciones, la preparación de cada detalle y las horas de trabajo de quienes sostienen estas iniciativas, muchas veces sin ocupar el centro de la escena.

Por eso, valorar estas jornadas también significa reconocer a quienes trabajan durante todo el año para que la educación, la cultura y la inclusión tengan un lugar concreto en la vida de la comunidad.

La educación también se construye escuchando otras experiencias

La conmemoración de los 20 años de la Ley de Educación Sexual Integral fue una oportunidad para poner en circulación historias, miradas y experiencias que invitan a pensar el papel de la educación en la sociedad.

La ESI forma parte de la educación argentina desde la sanción de la Ley Nacional 26.150, en 2006. Su propuesta contempla una formación integral que incluye el cuidado del cuerpo y la salud, la valoración de los afectos, el respeto por la diversidad, el ejercicio de los derechos y la perspectiva de género.

Una comunidad que aprende a escuchar
Una comunidad que aprende a escuchar

En ese marco, el cine funcionó como una herramienta para acercar estas cuestiones al público desde el lenguaje artístico y la experiencia humana. Las historias proyectadas permitieron generar un espacio compartido en el que las emociones también tuvieron su lugar.

Porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos. También implica aprender a escuchar, comprender que otras personas pueden atravesar experiencias diferentes y encontrar formas de convivir sin que las diferencias se conviertan en motivos de rechazo.

Una comunidad que se construye con el aporte de todos

La jornada también reflejó la importancia del trabajo articulado entre instituciones educativas, organizaciones sociales y espacios culturales de Cruz del Eje y la región.

Participaron, junto con la UPC y las organizaciones convocantes, espacios como El Arte Sale a la Calle, el Conservatorio Superior de Música Luis Gianneo, la Escuela Superior de Bellas Artes Roberto Viola, el Instituto Nuestra Señora del Valle y la Escuela Normal Superior República del Perú.

La presencia de estas instituciones y organizaciones permite reconocer que la vida comunitaria se fortalece cuando cada espacio aporta sus conocimientos, su experiencia y su capacidad de trabajo.

No todas las personas cumplen la misma función ni tienen las mismas responsabilidades. Sin embargo, cada tarea puede resultar fundamental para que una propuesta llegue a buen puerto. Desde quienes impulsan la iniciativa hasta quienes colaboran con la organización, la difusión, la producción artística y la recepción del público, cada aporte forma parte de un esfuerzo compartido.

La convocatoria de más de 300 personas en el Cine Teatro Aída fue una muestra del alcance que pueden lograr estas propuestas cuando se articulan voluntades y se generan espacios abiertos a la comunidad.

El valor de reconocer a quienes hacen

El miércoles 7 de octubre, Cruz del Eje vivió una jornada de emoción, arte y reflexión. Pero también dejó un mensaje que merece trascender el evento: una comunidad crece cuando reconoce el trabajo de las personas que, desde distintos lugares, dedican sus esfuerzos a construir oportunidades para los demás.

El acompañamiento de la Universidad Provincial de Córdoba, a través de la dirección de Claudia Sobrero, y la participación de las organizaciones e instituciones convocadas muestran el valor de sostener estos espacios de encuentro.

Al final, lo que queda no es solamente una sala colmada ni una actividad realizada. Quedan las conversaciones que se abren, las preguntas que invitan a pensar y el trabajo de quienes hacen posible que esas experiencias lleguen a la gente.

Y hay una enseñanza que vale para toda la comunidad: muchas veces, las transformaciones comienzan con personas que trabajan en silencio, que se organizan, que insisten y que creen que vale la pena hacer algo por los demás.

Reconocerlas también es una manera de construir una sociedad más humana.

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