Educación vial en Deán Funes
A través de talleres pedagógicos a cargo de la especialista Alicia E. del Castaño en el Centro Cultural Municipal, la iniciativa promovió el cambio cultural, la responsabilidad ciudadana y el rol clave del hogar en la prevención de siniestros.
DEÁN FUNES – La seguridad y la convivencia en el espacio público demandan un abordaje que trascienda el control punitivo y se asiente en la educación ciudadana. Con ese norte institucional, la Municipalidad de Deán Funes impulsó una jornada de educación y concientización vial orientada a consolidar hábitos de conducción consciente y cuidado de la vida en toda la comunidad.

La actividad tuvo lugar en las instalaciones del Centro Cultural Municipal y estuvo a cargo de la Docente Técnica Alicia E. del Castaño. La propuesta combinó instancias de formación técnica, talleres participativos para alumnos de distintos niveles y un módulo específico dedicado al diálogo con padres y tutores.
El aula y la formación de criterios cívicos
Durante los encuentros con la comunidad educativa, la especialista abordó los factores determinantes en la siniestralidad urbana, haciendo hincapié en la percepción del riesgo y la toma de decisiones al transitar. Lejos de reducirse al reconocimiento formal de la cartelería, el temario profundizó en el respeto al peatón, las consecuencias del exceso de velocidad, los peligros del uso del teléfono móvil al desplazarse y la utilización indispensable de los elementos de seguridad homologados (casco en motovehículos y cinturón en automóviles).
El enfoque buscó que los jóvenes comprendan la vía pública no como un escenario individual, sino como un ámbito compartido donde cada acción personal repercute directamente en la integridad de los demás.
La familia como primer formador vial
Uno de los pilares sobresalientes del programa fue el encuentro articulado con las familias. En materia de prevención, los hábitos más arraigados se configuran en el ámbito doméstico: la conducta al volante de los adultos actúa como el primer modelo de aprendizaje práctico para niños y adolescentes.
El espacio de intercambio permitió reflexionar sobre la coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica en la rutina diaria. Los asistentes analizaron cómo las actitudes cotidianas —desde ceder el paso en las esquinas hasta evitar maniobras imprudentes en zonas escolares— constituyen la base formativa más sólida para prevenir hechos viales y resguardar la vida.
Una política orientada a la convivencia
Cuidarnos en la calle no es solo cuestión de leyes o multas, sino de empatía y respeto mutuo. Este encuentro nos recuerda que detrás de cada volante, de cada moto o de cada paso peatonal hay una persona, un vecino, una familia que nos espera al volver a casa. Cuando el municipio, las escuelas y los hogares se dan la mano para educar desde el corazón y el ejemplo, empezamos a construir de verdad una ciudad donde la vida y el cuidado del otro sean siempre la prioridad.
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