El latido centenario de una fábrica de utopías: La Escuela Normal Superior República del Perú celebró 108 años de historia viva

Con las calles convertidas en aulas, la Escuela Normal festejó sus 108 años con recuerdos de exalumnos y un fuerte compromiso con la educación pública.

Cien años de tiza, memoria y futuro: Así vivió Cruz del Eje los 108 años de su emblemática Escuela Normal

Por Línea 1 Multimedia | Cruz del Eje, Córdoba

Hay esquinas en el mapa urbano que no se miden por metros cuadrados, sino por la densidad de los afectos que en ellas se acumularon a lo largo de los almanaques. Este 14 de octubre, las intersecciones de Domingo Mateu y Dean Funes no registraron el tránsito habitual de vehículos: el asfalto fue tomado por la urgencia colectiva de la alegría. Las vallas se convirtieron en abrazos y la calle entera se hizo aula. La Escuela Normal Superior República del Perú conmemoró 108 años de vida institucional, una cifra que excede con creces la fría estadística para transformarse en un mojón fundamental en la identidad del noroeste cordobés.

 

El aniversario no fue un mero protocolo formal. Fue una fiesta de la democracia cotidiana, un ejercicio de memoria activa donde el pasado fundacional dialogó sin fisuras con los desafíos del presente.

Más de un siglo de educación pública

Fundada en 1918 con la misión germinal de formar a los maestros que poblaron de saberes las infancias de la región, la Escuela Normal construyó su prestigio sobre el cimiento inquebrantable de la escuela pública, laica y gratuita.

Escuela Normal Cruz del Eje
Escuela Normal Cruz del Eje

Durante el acto central, la directora general, profesora licenciada Carolina Carrillo, sintetizó con precisión este legado al definir la institución como «una obra colectiva sostenida por generaciones que confiaron en la educación y asumieron la responsabilidad de hacerla crecer». En tiempos donde los discursos de época a menudo intentan vaciar de sentido a las instituciones, recorrer los cuatro niveles académicos de esta casa —desde los primeros descubrimientos en el nivel inicial, pasando por el afianzamiento primario y la consolidación de proyectos de vida en la secundaria, hasta la formación superior que nutre el derecho de la región a tener docentes calificados— es constatar que el «espíritu normalista» sigue latiendo con la fuerza del primer día.

Las galerías centenarias y el parque donde los lapachos florecen cada primavera no son solo escenarios arquitectónicos; son el paisaje afectivo de generaciones de crucedejeños que aprendieron allí que la palabra, el pensamiento crítico y el respeto por el otro son las únicas herramientas verdaderamente transformadoras.

La memoria en primera persona: cuando los exalumnos vuelven a casa

Bajo el pulso narrativo que caracteriza a las grandes crónicas escolares —donde la historia grande se cruza con la anécdota entrañable del aula—, la mañana estuvo poblada de emociones que desbordaron los ojos de más de uno.

Uno de los momentos más vibrantes lo protagonizó el doctor Ricardo Manzino, egresado de la histórica promoción de los años 80 y exconcejal de la ciudad. Con la honestidad brutal de quien supo ser «el más travieso de la escuela», Manzino evocó aquellos años en los que lucir la chomba azul con el escudo al frente era un estandarte de pertenencia. Lejos del bronce acartonado, su discurso conectó directamente con los chicos que escuchaban desde la calle: recordó a los profesores que «tiraban de las orejas» o mandaban a febrero no por castigo, sino como un acto amoroso de construcción moral. Fue él quien, desde su banca en el Concejo Deliberante en el periodo 2018-2019, impulsó la ordenanza aprobada por unanimidad para declarar al himno de la escuela —compuesto hace 58 años por el profesor Benito Caribao en su letra y musicalizado por el profesor Mario Gutiérrez— como Patrimonio Cultural de Cruz del Eje. Un modo cabal de devolverle a la institución lo que la institución había sembrado en su formación humana y profesional.

En la misma sintonía, el intendente municipal Renato Raschetti, también exalumno de la casa, remarcó la dimensión política y social del rol docente. En un pasaje medular de su alocución, enfatizó que en la actualidad la tarea de enseñar trasciende largamente la transmisión de contenidos curriculares: “Hoy el docente contiene, abraza y acompaña a los jóvenes en tiempos complejos”, señaló, reivindicando a su vez la transformación educativa del entorno, desde los antiguos terrenos de la granja escolar hasta la llegada de nuevos polos educativos y el horizonte de la Universidad Provincial de Córdoba.

Música, símbolos y el pulso de la comunidad

La celebración se engalanó con la presencia imponente de la Banda de Música del Servicio Penitenciario de Córdoba, cuyos acordes devolvieron el eco exacto de aquel inolvidable centenario celebrado en 2018. Su música no solo acompañó el ingreso de las banderas de ceremonia de los cuatro niveles —símbolos vivientes de la soberanía y el federalismo—, sino que dio marco al canto a viva voz del himno institucional, ese que los estudiantes aprenden entre bancos y pizarrones pero que resuena en el pecho durante toda la adultez.

El acompañamiento institucional fue completo: junto a las autoridades municipales —como el presidente del Concejo Deliberante, Rodolfo Lescano, y el secretario de Desarrollo Urbano y Ambiente, Pablo Barrionuevo—, se hizo presente el reconocimiento de toda la comunidad, desde la Asociación Cooperadora hasta los equipos de gestión y el personal auxiliar que sostiene silenciosa y cotidianamente el funcionamiento de la escuela.

Los jóvenes: sujetos de voz y acción

Fiel a una pedagogía que restituye a los estudiantes el estatus de sujetos activos y protagonistas de su propio destino, el cierre del acto tuvo a la juventud como absoluta protagonista.

A través del Centro de Estudiantes, la promo 2026 dejó una huella tangible y duradera en la institución. Mediante un emotivo discurso leído por la estudiante Amparo Luna Rosado, los alumnos presentaron un regalo fruto de un año entero de esfuerzo colectivo: un parlante de 15 pulgadas con una consola potenciada destinada a potenciar las actividades de todo el nivel secundario. Una demostración cabal de que el sentido de pertenencia no se agota en las palabras declamadas, sino que se materializa en hechos concretos de cuidado y reciprocidad con la comunidad educativa.

La jornada se completó con la alegría del concurso de tortas —ganado merecidamente por el curso tercero quinta— y el calor de un abrazo colectivo que reafirmó una convicción profunda.

A 108 años de su fundación, la Escuela Normal Superior República del Perú demuestra que una escuela no muere mientras haya docentes dispuestos a enseñar con pasión y jóvenes dispuestos a soñar sin límites. Como reza su inolvidable himno, una huella imborrable de identidad y pertenencia: Gloria por siempre, germinal escuela, a tu historia de eterna juventud.

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